Pues eso, hace mucho que no escribo, lo sé, pero las cosas son así. Hay un nivel infimo que mantener y viwendo como me han ido las últimas semanas pues en fin, para qué molestarse.
Y es que por algo no me gustan nada las vacaciones de verano, y estas, con un intensivo de francés todas las mañanas, menos. Ando en un estado de aplatanamiento supremo y así, poco puede pasar. El calor me mata, eso es así, y no hay más que hablar. Ni más ni menos ayer me tumbe para echarme la siesta a eso de las cuatro y a las nueve me desperté, el horror. Pero bueno, sólo una semana más y fin de la primera parte del suplicio y a un mes de irnos a freir esparragos a otro país.
Mientras se hace lo que se puede para tener un mínimo sentido del tiempo en todo esto: una reunión de acabados en casa del Hombre de las Patillas, una de ballet con la Béjart Ballet Lausanne (qué cultureta queda), y alguna escapada a restaurante exotico (que merman mi cada vez más volatil economía, pero bueno, el estomago me pierde).
Y ahora estamos en la Jaula Dorada, viendo la tele gigante y las horas pasar. Aun así poco a poco nos acercamos a la liberación (que con suerte irá con una habitación de 16 m2, con conexión a internet y tele por cable), y eso ya es bastante.
Ale, a escardar.