Ya estamos (a 6 de noviembre iba siendo hora) a pleno rendimiento. Prácticas en marcha, gimnasio y Vovinam, y yo soy cadáver. Uno no aprende, y si ya fue poco el inicio del curso pasado con todo un día sin poder moverse, pues este año repetimos. Será que en el fondo sí soy algo masoquista. A ver si ahora nos centramos de una vez.
Aunque claro, eso es algo harto complicado, porque tras ciertos tipos de "prácticas" en la carrera, a uno le parece que toda la seriedad desaparece, y así, centrarse, está complicado. Hoy vamos a hablar de los seminarios "clínicos" de Médicas. Uno lee que son seminarios clínicos y puede llegar a pensar que a lo mejor son hasta interesantes. Craso error...
Llegas al seminario y te encuentras con un sujeto con más años que matusalén (que cuando empezó a trabajar iba a una vaquería a 300 metros del kilómetro 0 y cobraba 200 pesetas por un parto no distócico) que por no haberse preparado no se ha preparado ni un puto caso clínico, así que ya podemos quitar la segunda parte. Como evidentemente el tipo no tiene nada que decir empieza a preguntarnos a nosotros si tenemos algún caso que contar.
Tras un par de ellos que uno rápidamente llega a la conclusión de que el tipo no se a molestado en actualizarse en cincuenta años, me pide a mí (su asistente, porque me tocó encargarme del proyector y el ordenador, no pidámosle que lo haga que, que ya se sabe lo que se dice de pedirle peras al olmo) que le diga un caso. Yo como no tenía ganas de pensar mucho dije un perro que tenía diarrea acuoso, y me quede tan pancho, y entonces llega la frase culmen de la velada: Lo mejor para cortar una diarrea es darle al animal opio, belladona y taninos.
Uno escucha esta perla de sabiduría, y ante la incredulidad de lo que oyen sus oídos (¿qué somos? ¿Un aquelarre?) me giro y veo que el sujeto a mi diestra está empotrado contra la pared
intentando no partirse ahí mismo, y el de mi siniestra en parecida situación, más sin pared. Y a uno no le queda otra que mantener la compostura, porque como es el caso propio, el tipo no le quita ojo de encima, y cada día es más difícil mantener semblante de seriedad (será como la paciencia, que se agota).
Y después día absurdo, porque lo que mal empieza... No había prácticas de anatomía (otras de las que ya me explayaré), así que toda la tarde en el antro de perversión que tenemos como local, para acabar muerto en un gimnasio. Y mañana más... y mejor... lo cual no es muy difícil.
Ale, a escardar.
Aunque claro, eso es algo harto complicado, porque tras ciertos tipos de "prácticas" en la carrera, a uno le parece que toda la seriedad desaparece, y así, centrarse, está complicado. Hoy vamos a hablar de los seminarios "clínicos" de Médicas. Uno lee que son seminarios clínicos y puede llegar a pensar que a lo mejor son hasta interesantes. Craso error...
Llegas al seminario y te encuentras con un sujeto con más años que matusalén (que cuando empezó a trabajar iba a una vaquería a 300 metros del kilómetro 0 y cobraba 200 pesetas por un parto no distócico) que por no haberse preparado no se ha preparado ni un puto caso clínico, así que ya podemos quitar la segunda parte. Como evidentemente el tipo no tiene nada que decir empieza a preguntarnos a nosotros si tenemos algún caso que contar.
Tras un par de ellos que uno rápidamente llega a la conclusión de que el tipo no se a molestado en actualizarse en cincuenta años, me pide a mí (su asistente, porque me tocó encargarme del proyector y el ordenador, no pidámosle que lo haga que, que ya se sabe lo que se dice de pedirle peras al olmo) que le diga un caso. Yo como no tenía ganas de pensar mucho dije un perro que tenía diarrea acuoso, y me quede tan pancho, y entonces llega la frase culmen de la velada: Lo mejor para cortar una diarrea es darle al animal opio, belladona y taninos.
Uno escucha esta perla de sabiduría, y ante la incredulidad de lo que oyen sus oídos (¿qué somos? ¿Un aquelarre?) me giro y veo que el sujeto a mi diestra está empotrado contra la pared
intentando no partirse ahí mismo, y el de mi siniestra en parecida situación, más sin pared. Y a uno no le queda otra que mantener la compostura, porque como es el caso propio, el tipo no le quita ojo de encima, y cada día es más difícil mantener semblante de seriedad (será como la paciencia, que se agota).
Y después día absurdo, porque lo que mal empieza... No había prácticas de anatomía (otras de las que ya me explayaré), así que toda la tarde en el antro de perversión que tenemos como local, para acabar muerto en un gimnasio. Y mañana más... y mejor... lo cual no es muy difícil.
Ale, a escardar.
