Pues sí, días curiosos, días de dieta blanda, días encerrado en casa. Días de costra total escuchando la televisión del salón encendida quince horas diarias. ¿Cómo no pude echarlo de menos durante el año pasado?
Así que nada, tres días metido en casa gracias a una gastroenteritis de caballo (curiosamente el pero momento lo pase en practicas ambulantes de équidos, ironías de la vida, y he de dar gracias a la comprensión del profesor en momentos cómo: "¿Queda mucho para el laboratorio?", "Un rato", "Pues mejor para en esa gasolinera").
Aprovechando que tengo tiempo puedo hacer un breve resumen de mi vida en el último mes y media. La verdad es que la vida de disipación de siempre, aunque con algún que otro punto reseñable. Vamos a hacer hincapié en dos.
La primera fue la visita de dos tristes sujetos de Cáceres y cierto concierto en el que acabe metido. La verdad es que estuvo gracioso, haciendo de guía turístico desde Leganés hasta Goya, Retiro incluido. La gracia se perdió cuando no encontramos nadie a quien revender la entrada que sobraba y me vi en un concierto de Serrar y Sabina, que va a ser que no me gustan especialmente, de pie durante tres horas. Mi espalda se resintió los dos días siguientes. Y encima tienen los huevos de decir que mejor que Metallica. Ande vamos a parar.
El otro punto gracioso fue la boda de tita Azu, el viernes pasado. Este no es un hecho a ser tomado en vano, pues es el punto de inflexión en el que pasas de bodas de parientes a bodas de amigos, y esto es como las pringles y las diarreas, cuando haces pop...
La boda estuvo graciosa (en su conjunto, ya que de la ceremonia en sí no puedo decir gran cosa, pues vale que no pensaba ir desde un principio, que yo y la Iglesia, malo, pero el Gato Volador se aseguró de que no tuviéramos opción). Nos pusimos como cerdos de comida y bebida variada y de muy buena calidad e hicimos el cafre como se espera de los amigos acabados (y si no hubieran querido que lo hiciéramos, que no nos hubieran puesto en la última mesa). Tuvo varios momentos celebres, como la intervención proctológica a la elefante, las discusiones de Azu con el DJ (que vaya mierda de DJ que no tenía ni a Manson, ni a New Order ni a Pimpinela), los momentos de baile de rock protagonizados por el novio (que luego da vergüenza salir a bailar, maldito), o a ese maldito Gato Volador acaparnado vino blanco de hasta debajo de las piedras (a su edad y tomando blanco con carne roja, qué disgusto).
Y así sin más me despido por hoy. En caso de mi fin prematuro este sería mi epitafio (cedido por mi querida conciencia), que ya sé que a nadie le importa mi estado, sólo que escriba (cabrones).

Ale, a escardar.
Así que nada, tres días metido en casa gracias a una gastroenteritis de caballo (curiosamente el pero momento lo pase en practicas ambulantes de équidos, ironías de la vida, y he de dar gracias a la comprensión del profesor en momentos cómo: "¿Queda mucho para el laboratorio?", "Un rato", "Pues mejor para en esa gasolinera").
Aprovechando que tengo tiempo puedo hacer un breve resumen de mi vida en el último mes y media. La verdad es que la vida de disipación de siempre, aunque con algún que otro punto reseñable. Vamos a hacer hincapié en dos.
La primera fue la visita de dos tristes sujetos de Cáceres y cierto concierto en el que acabe metido. La verdad es que estuvo gracioso, haciendo de guía turístico desde Leganés hasta Goya, Retiro incluido. La gracia se perdió cuando no encontramos nadie a quien revender la entrada que sobraba y me vi en un concierto de Serrar y Sabina, que va a ser que no me gustan especialmente, de pie durante tres horas. Mi espalda se resintió los dos días siguientes. Y encima tienen los huevos de decir que mejor que Metallica. Ande vamos a parar.
El otro punto gracioso fue la boda de tita Azu, el viernes pasado. Este no es un hecho a ser tomado en vano, pues es el punto de inflexión en el que pasas de bodas de parientes a bodas de amigos, y esto es como las pringles y las diarreas, cuando haces pop...
La boda estuvo graciosa (en su conjunto, ya que de la ceremonia en sí no puedo decir gran cosa, pues vale que no pensaba ir desde un principio, que yo y la Iglesia, malo, pero el Gato Volador se aseguró de que no tuviéramos opción). Nos pusimos como cerdos de comida y bebida variada y de muy buena calidad e hicimos el cafre como se espera de los amigos acabados (y si no hubieran querido que lo hiciéramos, que no nos hubieran puesto en la última mesa). Tuvo varios momentos celebres, como la intervención proctológica a la elefante, las discusiones de Azu con el DJ (que vaya mierda de DJ que no tenía ni a Manson, ni a New Order ni a Pimpinela), los momentos de baile de rock protagonizados por el novio (que luego da vergüenza salir a bailar, maldito), o a ese maldito Gato Volador acaparnado vino blanco de hasta debajo de las piedras (a su edad y tomando blanco con carne roja, qué disgusto).
Y así sin más me despido por hoy. En caso de mi fin prematuro este sería mi epitafio (cedido por mi querida conciencia), que ya sé que a nadie le importa mi estado, sólo que escriba (cabrones).

Ale, a escardar.
