Aquí nos encontramos una vez más, en plena pausa de exprimido de unos 8 kilos de limones y tras conseguir que esta mierda de ordenador (que espero jubilar en breve, toquemos madera) vuelva a funcionar.
La vida sigue en su línea habitual. Ciertamente fui a Cerdeña, acompañado de dos extremeños y un sujeto tal como es Lolo, y acabamos instalados en casa de otro sujeto tal como es Fulvio a (todos se les ve en la foto que acompaña)
al que le debemos mucho más que nuestra manutención esos días, entre otras cosas, un rally y reventón de rueda, con el consiguiente cambio de la misma el primer día alas 6 de la mañana, o escenas como vómitos por la ventanilla delantera del coche con efecto boomerang y dándole en la cara a nuestro gran Pablo, que estaba con la ventanilla abierta atrás (y yo ahí sin la cámara).
También hubo otros momentos que no caerán en el olvido como el estar imitando a los Bee-gees en una casita perdida en mitad del monte con litros y litros de cerveza alrededor (vídeo de esa escena en cuanto logre encontrarlo, que lo triste es que colgado está, y que suena mucho peor de lo que creíamos en ese momento), o estar en una discoteca de esas que simplemente apestan pero que merecía la pena por el mero hecho de haber entrado por la cara y tener consumiciones gratis gracias a nuestra querida Rosa a los de alrededor pensando en el dineral que se estaba dejando por hacer lo mismo que estaba haciendo yo de gratis. Si el que no se consuela...
Luego podríamos entrar también en un debate absurdo sobre adicciones y fuerza de voluntad, pero no quiero humillar públicamente (o al menos no demasiado) a ciertos sujetos, así que lo dejaremos para otra ocasión.
Como culmen tuvimos el siempre inevitable baño en la playa local, lo tuvimos en St. Malo, lo tuvimos en Calais, y lo hemos tenido en Salghero. Así que ahí estaban nuestros dos pseudo-ídolos, con una rasca propia de diciembre y luciendo calzoncillos en una playa de Cerdeña, y ninguno acabó con pulmonía. Si será cierto eso de que bicho malo...
Tras el viaje, podemos resumir que en Italia se come mucho y bien, y en Cerdeña la gente es bajita pero se vuelca con los invitados (porque entre lo que comimos con Fulvio y con Rosa debí encordar kilo y medio mínimo... tanto gimnasio a la mierda).
Luego una vez aquí, poca novedad, mi casa es el mismo caos de siempre, la facultad en su conjunto la misma casa de putas, y ahora que he decidido volver a la política de alto standing recupero la conciencia de hasta que punto llega el puterío.
Y luego la fiesta de la facultad. Mucha gente me preguntó si yo era masoquista o similar porque por un año podía dejarlo todo en manos de otros seguía controlando la situación. Vamos a ver, no soy masoquista, soy un obseso del control (entre otras cosas) y no puedo estar tranquilo en un evento del que soy la principal cabeza visible. Aunque tengo que darle las gracias a Mol por esa cachimba de la desproporción que me tumbó y gracias a la cual estuve unas dos horas desconectado del mundo y de mi mismo.
Y ahora las Navidades, que recemos pasen volando.
Ale, a escardar.
La vida sigue en su línea habitual. Ciertamente fui a Cerdeña, acompañado de dos extremeños y un sujeto tal como es Lolo, y acabamos instalados en casa de otro sujeto tal como es Fulvio a (todos se les ve en la foto que acompaña)
También hubo otros momentos que no caerán en el olvido como el estar imitando a los Bee-gees en una casita perdida en mitad del monte con litros y litros de cerveza alrededor (vídeo de esa escena en cuanto logre encontrarlo, que lo triste es que colgado está, y que suena mucho peor de lo que creíamos en ese momento), o estar en una discoteca de esas que simplemente apestan pero que merecía la pena por el mero hecho de haber entrado por la cara y tener consumiciones gratis gracias a nuestra querida Rosa a los de alrededor pensando en el dineral que se estaba dejando por hacer lo mismo que estaba haciendo yo de gratis. Si el que no se consuela...
Luego podríamos entrar también en un debate absurdo sobre adicciones y fuerza de voluntad, pero no quiero humillar públicamente (o al menos no demasiado) a ciertos sujetos, así que lo dejaremos para otra ocasión.
Tras el viaje, podemos resumir que en Italia se come mucho y bien, y en Cerdeña la gente es bajita pero se vuelca con los invitados (porque entre lo que comimos con Fulvio y con Rosa debí encordar kilo y medio mínimo... tanto gimnasio a la mierda).
Luego una vez aquí, poca novedad, mi casa es el mismo caos de siempre, la facultad en su conjunto la misma casa de putas, y ahora que he decidido volver a la política de alto standing recupero la conciencia de hasta que punto llega el puterío.
Y luego la fiesta de la facultad. Mucha gente me preguntó si yo era masoquista o similar porque por un año podía dejarlo todo en manos de otros seguía controlando la situación. Vamos a ver, no soy masoquista, soy un obseso del control (entre otras cosas) y no puedo estar tranquilo en un evento del que soy la principal cabeza visible. Aunque tengo que darle las gracias a Mol por esa cachimba de la desproporción que me tumbó y gracias a la cual estuve unas dos horas desconectado del mundo y de mi mismo.
Y ahora las Navidades, que recemos pasen volando.
Ale, a escardar.
