Dos semanas desde mi última entrada, y la verdad es que han dado para largo. Tras la marcha del Gato Volador y cia, dos días de descanso antes de la siguiente oleada, así que aprovechamos para relajarnos y poner algo de orden en nuestra vida, y entre medias organizar una cata de cervezas para aumentar la colección.
Así pues aumentamos la colección, a coste de un hígado.
Para ello los cuatro zumbados de marras que éramos cogimos tres tercios cada uno de cervezas distintas, y con guitarra de fondo y charlas absurdas hicimos una clasificación. El plan era ese, con lo que no contamos fue que tres cervezas especiales no es lo mismo que tres tercios de mahou, por poner un ejemplo.
A posteriori he hecho un cálculo aproximado tomando como modelo de base un cubata. Un cubata tiene de alcohol el ron, de 36º. Si echas 4 cl en un vaso de 20, nos sale que la graduación de un cubata es de 7º mediante una simple regla de tres (que de algo tiene que servir la química y el cálculo de concentraciones, ¿no?).
Entonces si nos tomamos tres tercios cuya graduación oscila entre los 7,5 y los 12, dando una media aproximada de 8,5º y aplicando otra sencilla regla de tres tenemos que un tercio de cerveza de estos equivale a algo más de cubata y medio.
Esto habría que haberlo hecho antes y no después. Porque tres tercios graciosos después era el equivalente a cinco cubatas y uno no está ya para estos trotes, y la cabeza menos, y levantarse por la mañana con el séptimo de caballería pegando tiros dentro de la cabeza no es nada placentero. Así que nada, bonito descanso.
Luego tenía el siguiente plan, salir el viernes a Suecia volver el martes y el miércoles volver a irse a Normandía y Bretaña. Plan cojonudo, ¿verdad? Pues no pudo ser. Las visitas es lo que tienen.
Y llega Mr Gon

El jueves hizo su aparición, desde Lyon con

el nuevo Disimovil (ver foto), y tres amigos. Así que de guía turístico y fiestero por esta tan apasionante ciudad otra vez, y viernes a Bruselas. La verdad es que esto de ir en un coche como este y tener un GPS (como aqueste otrode aquí) hace las cosas muy simples. Así después de siete meses en este país conseguí verme el Atomium (ver afoto) y la Basílica de Bruselas (ver la otra afoto).

Desde luego mejor que Suecia (si aquí el que no se consuela es porque no quiere).
El sábado opté por desentenderme de la vida de guía y me fui a un festival a Visé, Honest Festival, parada previa en Maastricht (vale, quizás no pille de paso, pero cubriéndolo el billete para que negarse la tentación). Así que estuvimos en concierto rock alternativo con música a ratos gafapasta, otras instrumental cañera, todo ideal para estar una buena tarde tirados e ir calentando para el Rock Werchter, en Lovaina, con Metallica, Manson, Muse, Incubus, QOTSA, Chemical Brothers, Artic Monkeys y Pearl Jam entre otros. Tiemblo de solo pensarlo.
Y el domingo a ver 300 en correcto francés. Frank Miller no decespciona, sabe defender sus comics en el cine, y eso se le agradece.
Además el señor propietario por fin consiguó arreglar el baño, ya solo nos falta que funione el agua caliente por la dcuha (cada mañana una alegría), y que vuelva a sellarla con silicona, que la vecina se debe de acordar de nosotros cada vez que nos duchamos.
Y nos ponemos en ruta
Y mientras tanto, y tras despedir a Mr Gon preparamos el camino para reengancharnos el 4 y partir hacia Normandía. Así pues nueve zumbados en dos coches con un plan simple: no hay plan, carretera y manta.

Así pues el primer día cruzamos frontera con Francia y llegamos hasta Omaha Beach, donde el día D a la hora H se realizó el famoso desembarco que “cambio el rumbo de la historia” (grandilocuente queda un rato). Por el camino nos encontramos una Iglesia reconvertida en gimnasio y sala de entrenamiento de thai-boxing (ver foto). La cosa es que llegamos a las once de la noche y ver lo que se dice ver, se veía poco. Así pues decidimos colarnos en un complejo turístico que había al lado para cenar y volver a la playa para dormir.
Nota a tener en cuenta. Queda dicho aquí y por escrito. Jamás en la vida me montaré en un coche conducido por un siciliano. No he visto mayores atropellos al código de circulación como los perpetrados por un palermita en este viaje. La cosa iba desde pararse en seco en mitad de una nacional, a no bajar de los 150 con fotos de cámaras de radar incluidas, pasando por pirulas estramboticas por carreteras de alta velocidad. Y siempre justificaco con: "En Sicilia se hace así".
Ahora bien, ¿cómo dormir nueve personas en el coche? (O juguemos al tetris).
En el de cuatro es más o menos fácil. Dos delante y dos detrás (aunque el del asiento del conductor ha de ser masoquista de nivel 7 por lo menos). Pero, ¿y en el de cinco? La solución es sencilla: maletero. Se vacía y cabe cualquiera en posición fetal, cosa fina. Y mejor que dormir en el asiento del conductor, cuyos ocupantes tenía una tendencia a dormir fuera bastante marcada.
Y tras una noche de buscar la posición adecuada amanecimos en la Playa de Omaha. Tras una comprobación de que los hechos ocurridos aquí fueron falseados, un hombre no puede recorrerse la playa entera a la carrera sin echar el bofo. Conclusión: el desembarco es imposible, y tenemos un video para demostrarlo. Tras dos minutos de carrera, nuestro siempre dispuesto Luismi cayo al suelo. Por ende, un soldado americano, con sus veinte mil kilos de equipo hubiese caído frito antes siquiera de salir de la playa (aunque quizás deberías considerarla forma física de nuestra cobaya en este caso… quizás…).
Seguimos ruta hacia nuestro destino con parada en vía de servicio incluida por que la higiene nunca viene mal. Así que tras dar un poco el espectaculo en el cuarto de baño (la gente es muy radical, se encuentra la siguiente imagen y se da la vuelta), y tomarme dos sopistan de tomate, ponemos rumbo hacia...
El pedrolo con la abadía
Y así llegamos a Mont Sant
Michel, que viene a ser un islote con una abadía encima, muy impresionante, eso sí. Casi tan impresionante como el restaurante especialista en tortillas, donde batían los huevos en la entrada haciendo música en el proceso y donde por una tortilla de bacon te cobraban la misera cantidad de 36 euros (ver carta).
Esto añadido a que en mitad de un pueblo medieval te encuentras tiendas con los letreros en japones, hace plantearte seriamente a dónde se han ido los valores históricos (aunque le da un toque muy fashion al tema).
Luego tras subirnos al monte y ver la sajada de la entrada de la abadía, optamos por no engrosar más los bolsillos de la Iglesia y seguimos ruta. Próximo destino St. Malo.