Bien, ya llevamos dos semanas aquí, y el tiempo vuela. Y aun no me ha dado por hablar de la población autóctona de estos lares, y la verdad es que son curiosos.
Para empezar ¿qué se puede esperar de una población cuya hora de empezar a tomar cervezas es las 3 de la tarde? Y pensareis que claro, unas cañas de sobremesa y tal. Pero no, la sobremesa fue hace por lo menos dos horas antes y a las tres ya van tajados, y así siguen hasta las dos de la mañana. No hay seriedad.
Luego dicen de la conducción de españoles, portugueses e italianos, pero es que se ven que no conocen a los habitantes de Lieja. Desde que estoy aquí ya he visto dos accidentes en directo (y en uno estaba implicado un veterinario), y vale que yo sea un factor caos, pero es que todo lo propicia. Aquí las señales y las líneas continuas para qué van a respetarse.
Luego hábitos alimenticios, ya ignorando el horario que tienen. Viven a base de gofres bocatas y perritos calientes, y a veces completan con albóndigas gigantes, y parecen que están sanos y tal. Debe de ser otro metabolismo, porque si no yo no me lo explico, porque si yo desayuno a las siete, como un bocata a las doce y luego ceno algo a las ocho, en un par de días me caigo.
Pasemos al tema basura. Aquí sólo recogen la basura una vez a la semana, y además lo hacen a media mañana, por lo que los martes por la mañana te encuentras con un colorido panorama de bolsas amarillas y azules (que aquí tienen un sistema de reciclaje que debe ser la hostia, pero no hemos encontrado a nadie que nos explique exactamente como va, porque se ve que ni ellos mismo lo saben) a la salida de todas los portales (en mi caso de mi callejón), y un olor “especial” que lo inunda todo.
Y ya pasando a mi mismo, que para algo esto lo escribo yo, hoy he estado en el mercadillo de segunda mano, donde puedes encontrar desde ordenadores del año catapún hasta animales disecados, pasando por bicicletas (como las que nos hemos comprado, que yo este año me pongo en forma, o lo intento), mobiliario variado, ropa, peluches de los pitufos y toda una colección de vasos robados de bares varios.
Ale, a escardar.
Para empezar ¿qué se puede esperar de una población cuya hora de empezar a tomar cervezas es las 3 de la tarde? Y pensareis que claro, unas cañas de sobremesa y tal. Pero no, la sobremesa fue hace por lo menos dos horas antes y a las tres ya van tajados, y así siguen hasta las dos de la mañana. No hay seriedad.
Luego dicen de la conducción de españoles, portugueses e italianos, pero es que se ven que no conocen a los habitantes de Lieja. Desde que estoy aquí ya he visto dos accidentes en directo (y en uno estaba implicado un veterinario), y vale que yo sea un factor caos, pero es que todo lo propicia. Aquí las señales y las líneas continuas para qué van a respetarse.
Luego hábitos alimenticios, ya ignorando el horario que tienen. Viven a base de gofres bocatas y perritos calientes, y a veces completan con albóndigas gigantes, y parecen que están sanos y tal. Debe de ser otro metabolismo, porque si no yo no me lo explico, porque si yo desayuno a las siete, como un bocata a las doce y luego ceno algo a las ocho, en un par de días me caigo.
Pasemos al tema basura. Aquí sólo recogen la basura una vez a la semana, y además lo hacen a media mañana, por lo que los martes por la mañana te encuentras con un colorido panorama de bolsas amarillas y azules (que aquí tienen un sistema de reciclaje que debe ser la hostia, pero no hemos encontrado a nadie que nos explique exactamente como va, porque se ve que ni ellos mismo lo saben) a la salida de todas los portales (en mi caso de mi callejón), y un olor “especial” que lo inunda todo.
Y ya pasando a mi mismo, que para algo esto lo escribo yo, hoy he estado en el mercadillo de segunda mano, donde puedes encontrar desde ordenadores del año catapún hasta animales disecados, pasando por bicicletas (como las que nos hemos comprado, que yo este año me pongo en forma, o lo intento), mobiliario variado, ropa, peluches de los pitufos y toda una colección de vasos robados de bares varios.
Ale, a escardar.
