
Vuelta otra vez a nuestra a ratos estimada Lieja tras unos días de parasitismo en París. Cierto es que posiblemente no haya hecho todo el turismo que uno debería hacer habiendo estado seis días, aunque la vida es así.
Visitas típicas con encuentros atípicos (sigo siendo un factor caos), Notre-Dame, Sacré-Cour y el Barrio de los Poetas, Les Invalides (museo de armas que haría delicias de Oyentes incluido), el cementerio de Père Lacheise (tumba de Jim Morrison) incluida, la Torre Eiffel (sin subir, que esto de regimen de visitas Erasmus no da para mucho), y luego todo el centro (desde el Arco del Triunfo hasta el Centro Pompidou) pateado como solo un sujeto como yo en modo trote cochinero puede patearse.
A parte de eso, siempre toca cruzarse con gente curiosa de toda índole como un rumano

aspirante a caricaturista que trata de tirar los trastos a cualquier desprotegida damisela, turistas de país desconocido que someten a un servidor un factor quince acerca del funcionamiento de los baños públicos parisinos, en un inglés que vamos a llamar peculiar (vamos a ver, no es tan complicado año=year [yier], euro=euro [uro]), y no por querer usarlos, si no por el mero hecho de haber como puede haber baños en la calle, o la mujer de la foto que ya no sólo asolaba con su voz y el organillo a los pobres transeúntes sino que encima pretendía vender CDs con su música por unos nimios 20 euros.

Luego mención especial a otros aspectos menos turísticos pero igual de llamativos de la ciudad, como por ejemplo en la calle del Moulin Rouge uno puede encontrar la mayor concentración por metro de sex-shops que se pueda encontrar (rompiendo con la monótona distribución parisina de japones, japones, brasería, japones, chino, hindú, brasería, ultramarinos, japones a sex-shop, sex-shop, japones, sex-shop, sex-shop, kebap, chino, tienda de turistas) e incluir la tienda que haría las delicias de cierto sujeto con patillas que podemos apreciar en la foto. No entré por falta de tiempo, pero la verdad es que debía de haber sido curioso cuanto menos.
Y ya para acabar os dejo con la solución habitacional que han encontrado en esa curiosa (pero carísima ciudad, porque vaya ruina de vacaciones), y que es posible que cierto sujeto de Caceres se vea obligado a adoptar próximamente. Como se puede observar se trata de una excelente forma de aprovechar el espacio muerto de la ciudad y convertirlo en un sitio cálido y habitable (aunque aun no sé dónde enchufan todos los trastos).

Ale, a escardar.