Hay diversas formas de tratar con aquellos aspectos del físico que a uno no le gustan. Para mi que la mejor siempre ha sido la más simple, los asumes y a otra cosa. Pero claro, es evidente que no todo el mundo puede hacer esto. Solo hay que ver como prosperan los cirujanos estéticos.
Claro está que no todo el mundo se puede pagar una cirugía así, así pues han desarrollado otros sistemas. El primero es disimular o camuflar lo que sea que cause desasosiego, ya sea mediante a aplicación de kilos de maquillaje o capas de ropa se puede lograr (o no) el efecto deseado.
Luego está aplicar la técnica contraria, o técnica del desvío. Consiste básicamente en desviar la atención del resto del mundo (de ahí lo de técnica del desvío) hacia otras partes del físico con tal de que no se fingen en la zona que sea desea ocultar. Esto puede salir bien a veces, pero otras puede salir horriblemente mal. Y es el último caso el que me ha hecho desvariar sobre este tema en cuestión.
Pues no hace una semana iba yo en el metro, de vuelta a casa tras un día absurdo más, cuando entra en el vagón una sujeta en la cual te vas fijando, en el siguiente orden, en la camiseta hiperceñida blanca, con grandes letras en negro (que de lo que ponían no me acuerdo), en el peinado más recargado que he visto en tiempo, teñido en rojo chillón, y finalmente en la cara.
Hasta el pelo la podías haber calificado de hortera... y hasta ahí incluso habría conseguido su objetivo, pues yo por regla general me fijo rápido en el rostro. El problema es que esa cara era inocultable. Así que cuando finalmente deposito mi mirada en faz de la mujer en cuestión casi espero quedarme petrificado cual víctima de la mítica Medusa, pues de repente su hortera peinado rocambolesco pareció una maraña de serpientes alrededor de tan fea jeta. Si duda debería haberse decantado por la opción b en vez de por la c: una máscara. Lastima que no fuese así.
En fin, se ve que el estar cojo saca mi vena venenosa.
Ale, a escardar.
Claro está que no todo el mundo se puede pagar una cirugía así, así pues han desarrollado otros sistemas. El primero es disimular o camuflar lo que sea que cause desasosiego, ya sea mediante a aplicación de kilos de maquillaje o capas de ropa se puede lograr (o no) el efecto deseado.
Luego está aplicar la técnica contraria, o técnica del desvío. Consiste básicamente en desviar la atención del resto del mundo (de ahí lo de técnica del desvío) hacia otras partes del físico con tal de que no se fingen en la zona que sea desea ocultar. Esto puede salir bien a veces, pero otras puede salir horriblemente mal. Y es el último caso el que me ha hecho desvariar sobre este tema en cuestión.
Pues no hace una semana iba yo en el metro, de vuelta a casa tras un día absurdo más, cuando entra en el vagón una sujeta en la cual te vas fijando, en el siguiente orden, en la camiseta hiperceñida blanca, con grandes letras en negro (que de lo que ponían no me acuerdo), en el peinado más recargado que he visto en tiempo, teñido en rojo chillón, y finalmente en la cara.
Hasta el pelo la podías haber calificado de hortera... y hasta ahí incluso habría conseguido su objetivo, pues yo por regla general me fijo rápido en el rostro. El problema es que esa cara era inocultable. Así que cuando finalmente deposito mi mirada en faz de la mujer en cuestión casi espero quedarme petrificado cual víctima de la mítica Medusa, pues de repente su hortera peinado rocambolesco pareció una maraña de serpientes alrededor de tan fea jeta. Si duda debería haberse decantado por la opción b en vez de por la c: una máscara. Lastima que no fuese así.
En fin, se ve que el estar cojo saca mi vena venenosa.
Ale, a escardar.
