Pero de momento, ¿qué ha pasado la última semana?
Para empezar la San Nicolas: fiesta de estudiantes.
Ya dije en su día que las fiestas aquí consistían en beber hasta vomitar, para una vez haber vomitado seguir bebiendo. Pues está no viene a ser menos, si acaso es más. Tres días en los cuales los estudiantes tienen un solo fin en mente: agarrarse el pedal de su vida. Ciertamente es una lástima que no me pudiera llevar la cámara de fotos porque hubo escenas para la eternidad. Entre ellas un tipo corriendo en bolas bajo la lluvia delante de la catedral , o en un momento dado que buscamos refugio de la marabunta de gente en alto, veo que un tipo se pone a mis pies, miro para abajo y le veo agarrandosela para mear. Aquí a la gente se le va, mucho y más.
Lunes por ahí con el bloque Erasmus, martes con los veterinarios (y ya me he podido hacer una idea del grado de sectarismo de esta gente, que tienen diseñado hasta la forma de vestir en las fiestas según el curso, pero eso os lo contaré en otro día; y además acabé con todos los bautizados de la facultad en una plaza cantando el himno de veterinaria mientras caía el monzón de invierno) y el miercoles perdidos por la ciudad, habiendosenos olvidado dónde estamos y que aquí la una ya no son horas (que la fiesta empezaba a las dos de la tarde como tardisimo).
Seguimos ruta, llegamos hasta el rio, vamos a la fortaleza, bajamos, paramos en un sex-shop/pasteleria, seguimos bajando, más, y más, y más, alejandonos del centro y con la mosca detrás de la oreja, hasta que finalmente nuestro objetivo se encuentra al final de la sigueinte esquina. Llegamos y nos encontramos lo que posiblemente era el callejón más zarrapastroso, sucio y cutre de todo Amberes, llamado ironicamente Diamont Straat.
Así pues con cara de subnormales damos media vuelta camino a la estación y de pura chiripa encontramos la calle de los diamantes... Y eso sí que era algo digno de verse, no ya por lo bonito del sitio, ya que era totalmente moderno. Era la seguridad que había lo que resultaba flipante. No había un solo punto que no tuviera al menos tres cámaras de seguridad enfocando, la calle tenía las dos entradas cerradas por pivotes de acero, con control policial a mabos lados, y en el centro una comisaria, y como no, una sinagoga (no se nos vaya a olvidar quién mueve el dinero).
Y ahora a preparar los trastos para la vuelta.
Ale, a escardar.

0 maullidos
Publicar un comentario