Todo sea dicho que por lo general soy uno de esos bichos raros a los que le gusta quedarse en Madrid en verano. Calor aparte como que se vive mejor, menos gente, más calma, me gusta. Aun con todo este está resultando un verano que me deja, como casi todo últimamente la verdad, una sensación rara. A lo mejor es que los arboles no me dejan ver el bosque, y por eso ando más despistado de lo habitual.
A parte de eso, y desde la jaula dorada, puedo contaros un par de novedades. El otro día se me cruzaron los cables al salir de la piscina, me duche y me fui al peluquero, así por que me dio por ahí. Vuelvo a ser ese Príncipe de Beckelard siniestro que algunos recordareis de hace siete años, esta vez con un toque modernista por parte del peluquero, maldita sea su estampa, que me rapó los laterales (iluso de mi, creía que me estaba retocando las patillas, y ¡sorpresa! no era así).
Y luego este fin de semana tuvimos el cumpleaños de mi señor padre, esta vez sin pingüinos en el jardín. De comida un brunch en el Intercontinental, cuyo planteamiento viene a ser un buffet libre de los de toda la vida pero con camareros muy dignos alrededor, y platos que van desde spaghetti carbonara a langosta, pasando por steak tartar, sushi más que decente y entremeses de jabugo. Son esos pequeños momentos de la vida en los que uno es feliz y acaba rodando cuesta abajo. A la tarde velada social donde al menos este año tenía mi hermana para no acabar muerto del asco, porque vale que algunos sujetos de los que vienen a estas cosas son de libro, pero un estudio sociológico de cuatro horas puede ser mucho para cualquiera por muy interesante que sea la fauna a observar.
De todo esto, además de un buen empacho, he sacado un juguete nuevo, en sustitución de mi difunta PDA (el dios electrónico la tenga en su gloria), ya que dado que a mi padre le a caído una iphone y un navegador Tomtom, yo he heredado su Pocket PC, que aun no sé para lo que sirve, pero dadme tiempo. De momento ya he comprobado que funciona con Windows y se cuelga tantas veces como cualquier cosa que funcione con este, y he perdido mucho tiempo borrando todos los contactos de mi padre, porque alguna función tiene fijo para borrarlos todos de golpe, pero no la he encontrado.
Y como mi padre se va acercando más y más a los sesenta se acerca más y más a la crisis de dicha edad, así que la última fue comprarse una Harley Davidson. Al menos es una de las discretas, dentro de todo lo discreto que pueda ser una moto naranja butano y negra (vease la foto). Lo que si es cierto es la fascinación que una moto de estas despierta. Al fin y al cabo, como él bien dice, nadie se interesaba por su moto cuando llevaba una scooter, por mucho que fuese una Burgman 400, pero ahora todo el mundo le pregunta por la Harley. Ahora es lo más en los juzgados se ve.Ale, a escardar.
PD: Sé que la foto que queríais es la de mi corte de pelo, pero paso.

4 maullidos
¿Y también has borrado los números de las pilinguis de lujo?
Que sepas que he sufrido mucho con lo de tu pelo: me dolía el estómago de risa. Por lo menos podías haber rematado la faena y cortarlo como una persona normal, seguro que te quedaba mejor.
Isaz tio, te quiero y eso... pero al leer estas entradas y escuchar alguna que otra historia de las de tu padre, no puedo evitar pensarlo: ¿no crees que podrías ser adoptado?
Fuerza con los circuitos noci, propio y todos los demás -ceptivos.
Ya sólo te falta que tu padre te deje un día la American Express platino y que llamemos a las pilinguis de lujo de su agenda y que tú seguro q no has borrado
Isaaz, resucita en vivo o en el blog, q t echo de menos....
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