...sentados en una mesa de un restaurante... Tal y como suena parece el comienzo de un chiste, pero aunque fuese una velada un tanto jocosa, es donde acabe el sábado por la noche. En un restaurante argentino modernista en Bilbao.
Porque lo más normal es irse a tierras vascas y, para dos veces que sales a comer, una vas a un chino y otra al argentino de marras. La verdad es que lo nuestro es de ordago por lo menos.
Pero volvamos al tema principal. ¿Qué hacía yo en el País Vasco? Pues para empezar demostrar el poco aprecio que le tengo a mi vida, porque dado el estado de mi cuerpo de crapula, meterme cuatro días seguidos de entrenamiento, y con viaje de ida y vuelta al norte incluido... pues como que se me podría llamar masoquista (aunque creo que de eso ya me tildarón hace tiempo).
Aun así creo que puedo decir, y con cierto grado de satisfacción, que fue un buen fin de semana, donde descubrí que la gente que practica Vovinam está tan mal de la azotea como yo. Fue un buen fin de semana para olvidar las tres funestas semanas anteriores y desconectar del mundo, un buen fin de semana para botar contra paredes tambien.
Así pues ahora volvemos a la pseudonormalidad (porque normales nunca seremos, ni pretendemos serlo), y de momento me veo ante una decisión (que siempre puedo acabar haciendo de las mias y salirme por la tangente), que viene a reducirse a lo de siempre: ¿lo fácil y sencillo o lo complicado y absurdo?
Bueno, ya dijimos que soy umasoquista, ¿no? La cuestión es hasta que punto.
Ale, a escardar.
Porque lo más normal es irse a tierras vascas y, para dos veces que sales a comer, una vas a un chino y otra al argentino de marras. La verdad es que lo nuestro es de ordago por lo menos.
Pero volvamos al tema principal. ¿Qué hacía yo en el País Vasco? Pues para empezar demostrar el poco aprecio que le tengo a mi vida, porque dado el estado de mi cuerpo de crapula, meterme cuatro días seguidos de entrenamiento, y con viaje de ida y vuelta al norte incluido... pues como que se me podría llamar masoquista (aunque creo que de eso ya me tildarón hace tiempo).
Aun así creo que puedo decir, y con cierto grado de satisfacción, que fue un buen fin de semana, donde descubrí que la gente que practica Vovinam está tan mal de la azotea como yo. Fue un buen fin de semana para olvidar las tres funestas semanas anteriores y desconectar del mundo, un buen fin de semana para botar contra paredes tambien.
Así pues ahora volvemos a la pseudonormalidad (porque normales nunca seremos, ni pretendemos serlo), y de momento me veo ante una decisión (que siempre puedo acabar haciendo de las mias y salirme por la tangente), que viene a reducirse a lo de siempre: ¿lo fácil y sencillo o lo complicado y absurdo?
Bueno, ya dijimos que soy umasoquista, ¿no? La cuestión es hasta que punto.
Ale, a escardar.

