Finalmente estamos instalados, y aunque escriba esto en Word para posterior publicación cuando tenga conexión propia.
Ya estoy felizmente instalado (bueno, todo lo felizmente que uno puede estar en una habitación que consiste en una cama, un mini armario y una mesa, pero vamos mejorándolo). Estoy en un mini chalé de dos pisos con buhardilla, sótano cocina con baño incorporado (para hacer más amenos los desayunos). Además está en un callejón peatonal que parece que tienes que atravesar un portal para entrar y que está plagado por unos cuantos gatos del tamaño de mi perro y que los vecinos alimentan.
Y la cuestión es ¿cómo han sido estos últimos 13 días? Pues curiosos cuanto menos. Para empezar el viaje en mi línea. Hay que decir que, diga lo que diga el Pollito, la maravillosa T4 es una PUTA MIERDA. Y ahora el porqué: en cuanto a diseño, espectacular, preciosa, fantástica, en cuanto a organización un desastre. Para empezar los avisos no los dan por megafonía, lo cual no sería demasiado grave si no fuera porque en las pantallas pone lo que les apetece, y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Porque vale que el vuelo se retrase, te lo cambien tres veces de puerta, pero ¡que te lo adelanten!
Viene a ser lo siguiente: Miras la pantallita, el embarque es dentro de una hora, mierda, toca esperar. Te vas a mirar tiendas, te vas fijando en las pantallitas varias mientras, que para algo uno es un tanto paranoico, estás viendo un escaparate, te das la vuelta y sorpresa: ahora te dicen que el embarque empezó hace media hora y despega en 10 min. Una vez te recobras del infarto cardiaco corres cual poseso (que no poseido) hasta la puerta de marras, acordándote del encargado del aeropuerto, su madre, su padre y toda su familia y te vas topando con otros sujetos en la misma situación y con el mismo pensamiento en mente. Llegas a la puerta y ves que pone: Bilbao, y claro, a mi no se me había perdido nada en el País Vasco en ese momento. Luego preguntas y nadie sabe nada. Eso es organización.
El vuelo finalmente salió con hora y media de retraso, lo cual tuvo sus simpáticas repercusiones. La verdad es que aquí uno peco un poco de jaimito, porque planear un viaje al segundo contando con un mínimo margen de error para el viaje en avión no es lo más inteligente que se puede hacer. Según el plan previsto el avión debería haber llegado a Buselas a las once de la noche, lo que me habría dado tiempo de sobra de coger el tren para Lieja de las 23:50. Pues bien, ahora un poco de matemática básica: si el avión sale con hora y media de retraso y el piloto consigue recuperar media hora en vuelo eso ¿con qué nos deja? Con un Gato atrapado en Bruselas sin medio para llegar a Lieja que no implique la venta de órganos. Así que uno está dispuesto a hacer noche en la estación de tren cuando llegan y le dicen que ahí no se puede quedar. Así que cojo mi maleta*, la mochila y el portátil y me instalo en la acera de enfrente de la estación dispuesto a pasarme la noche leyendo Los Mejores Relatos de Caballos.
Cuatro horas después y un libro entero abren la estación, cojo el primer tren a Lieja y trato de mantenerme despierto a todo costa porque los anuncios de las estaciones son en Flamenco y ya lo único que me faltaba era pasarme de parada. A las siete y tras veinticuatro horas despierto pongo mis pies en la Gare de Guillemans, en Lieja. Decidido a dormir (que dicen que a ratos es bueno) cojo un taxi (sablada número uno) y me voy al albergue juvenil, que por supuesto no había nadie en recepción. A eso de las ocho aparece una señora que le parece muy bien la situación pero que no me puede dar un sitio donde caer muerto hasta dentro de cuatro horas.
Por fortuna la cosa finalmente se arregló y conseguí habitación en una residencia una vez que llegue a la universidad, y conseguí dormir tras hablar con la coordinadora de la Universidad, el de la Facultad, y la Virgen del Carmen, a eso de las siete de la tarde y 36 horas después de haberme leventado.
Por hoy me he cansado de escribir. Luego más. A escardar.
27/9/06
*Sobre la maleta: Si tu madre te dice, llévate esta maleta, que está muy vieja y así la acabas de destrozar, tú contesta no, prefiero una maleta con ruedas y que no tenga las asas de hierro, que aprecio mi espalda, mis manos.
Hace 8 años

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