Ayer tocó el primer examen de la temporada: Enfermedades bacterianas. Aunque no era moco de pavo, y a pesar del pesimismo general, uno va siempre al examen con un mínimo de esperanzas. Al fin y al cabo en un examen de tres partes, donde una es tipo test, otra de respuesta corta (de una a tres palabras), ambas con grado de certitud, y una pregunta de desarrollo que solo entraba la opción que uno había elegido (pequeños en mi caso).
Con estos datos en menta la estrategía esclara, vamos a por el test y por la de desarrollo (que al fin y al cabo hay 5 temas posibles, te los estudias y punto), y luego rezas por las respuestas cortas. Todo controlado (o al menos más o menos).
Y llegas al examen, un sábado a las 9 de la mañana (ya es que ni los fines de semana se respetan) te sientas en tu sitio preasignado, todo muy bien coordinado, y cuando se sienta todo el mundo abres el cuadernillo de marrás, miras la pregunta de desarrollo, y zas... de las cinco tocó la sexta. Qué hijo de puta.
A mi que me expliquen como le rellenas a un tipo 6 caras, que es lo que te dan, en francés, sobre la tuberculosis en perros, enfermedad que se da todos los días, y que descartas porque tienes dos parrafos por todo capital en los apuntes. A dónde se fueron las apuestas sobre las helicobacterias o la enfermedad de Lyme. Pues a la mierda.
Aun así, ya que estabamos, pues el examen se hace, total, que corrija.
Para olvidarnos del asunto decidimos irnos a ver una feria medieval, con justas y combates. Eso al menos prometía. Así pues, cogemos el autobus, nos vamos hasta freir esparragos, a la derecha, más o menos.
Y llegamos a la tan esperada feria medieval que consistia en cinco puestos y un terreno para las justas delimitado con cuerdas. Genial.
Vimos dos prubas antes de decidir que irse a charlar y a estar tirados en la plaza del pueblo era más divertido. Las justas profesionales, que es tan apasionante ver como se intentan dar con la lanza en el escudo. La misma expecatción que ver una partida de bolos. Luego los combates, donde se observaba que ni el estilo, ni la gracia, eran elementos fundamentales en el combate del medievo. Se reducen a dos tios con 40 kilos de armadura dandose batazos con una espada, mientras que dos tipos de vestimenta peculiar, por decir algo, saltaban alrededor. Sumale al comentarista que tenía la gracia de una lechuga (y similar expresión) y podemos irnos a casa.
Así para rematar la velada, noche de acabados en el Legokot cachimba y chistes malos para parar un tren. ¿Alguien da más?
Ale, a escardar.
Hace 8 años
